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Alimentación prebiótica

 

“Que el alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento” – (Hipócrates)

 

Esta gran frase de Hipócrates sigue teniendo una gran vigencia e importancia en nuestro siglo. Durante muchas décadas, se ha focalizado mucho la alimentación en la cantidad de calorías que le aportamos al cuerpo, más que en la calidad de lo que le aportamos. 

Y es que, cuando nos sentamos a comer no solo estamos alimentando a nuestro cuerpo “físico” (por decirlo de una manera), sino que antes de que los nutrientes lleguen a nuestras células, llegará a nuestra queridísima microbiota, quien utilizará una parte de los alimentos para su propio beneficio.

Por lo tanto, para llevar una alimentación lo más saludable y variada posible, tendremos que tener en cuenta también a nuestra microbiota. Lo que es bueno para nosotros, es también bueno para nuestros “bichitos”.

 

Probióticos vs prebióticos

Hoy en día, ante cualquier estado de inflamación intestinal, o estreñimiento, o diarrea, o malas digestiones… lo más fácil parece que es recurrir a los probióticos (sobre todo a través de suplementos), pero nos olvidamos que para regular y equilibrar la microbiota intestinal necesitamos sobre todo alimentarla adecuadamente. 

Lo más adecuado sería comer a diario aquellos alimentos que nos aseguran una buena salud intestinal: los prebióticos. Prebiótico se refiere a aquellas sustancias (ya sean alimentos o suplementos) que contienen “nutrientes” para nuestra microbiota, básicamente fibra fermentable.

Estos alimentos pueden contener MAC’s (Carbohidratos Accesibles a la Microbiota), pero que no te asusten unas siglas, realmente se encuentran en: tubérculos, verduras, hortalizas, setas, algas, frutos secos, semillas, frutas, legumbres, germinados, fermentados, cereales y pseudocereales integrales. Son polisacáridos de distintos tipos, que se podrían asimilar al concepto de fibra, de los que se nutre la microbiota. 

También se pueden consideran prebióticos otros alimentos funcionales que nos ayudan a reestablecer la homeostasis (equilibrio), como los polifenoles y algunas grasas saludables, ya que optimizan y ayudan a regenerar y mantener la integridad de nuestra pared intestinal.

¿Qué efecto tienen?

La fibra prebiótica no se degrada, ni se absorbe durante su viaje por el intestino delgado, es decir nuestras enzimas digestivas no lo pueden transformar o metabolizar. Por lo tanto, va a pasar casi intacta al intestino grueso, donde nuestra microbiota está esperando con mucha hambre y ganas de fermentarla.

Se ha comprobado que cuanta menor es la variedad de este tipo de nutrientes, menos diversa es la microbiota. Por eso, cuanta MÁS VARIEDAD DE ALIMENTOS haya en tu dieta mucho mejor para tu salud en general y de la de nuestro microbios amigos.

 

¿Qué tipos de fibra fermentable hay y en qué alimentos?

Pectinas

Es un tipo de fibra muy soluble y muy fermentable. Cuando cocinamos alimentos que contienen pectina, esta se libera y es más fácil fermentarla para nuestra microbiota intestinal.

Se encuentran sobre todo en: manzanas, limones, naranjas, mandarinas, arándanos, grosellas, uvas, membrillos.

 

Mucílagos

Una fibra prebiótica que nos protege porque también; regula y estimula el sistema inmunitario y cardiovascular. Es recomendable cocinar estos alimentos para aprovechar esa fibra y eliminar los antinutrientes. Cuanto más madura es la planta, menor es la cantidad de mucílagos.

Se encuentran sobre todo en: el Psyllium (Plantago ovata) tiene mucho mucílago en su semilla; el alga agar-agar, semillas de chía y lino…

 

Beta-glucanos

Son un tipo de fibra presente sobre todo en setas y algas, y también en la avena. Además de su efecto como carbohidrato para la microbiota, hay un tipo de betaglucanos insolubles que tienen una actividad inmunomoduladora.

Se encuentran sobre todo en: la avena, las algas, “el reino fungi” en general (champiñones, reishi, shiitake, melena de león…).

 

 

polifenoles

Polifenoles

Los polifenoles pertenecen a la familia más amplia de fitoquímicos, tienen mucho potencial antioxidante y antiinflamatorio. Una de la grandes bases de la alimentación antiinflamatoria. Se ha visto que los polifenoles modulan la composición de la microbiota, es decir, favoreciendo el aumento de unas en detrimento de las otras.

Se encuentran sobre todo en: caco puro (>85%), frutas del bosque y frutos rojos como arándanos, té verde, especias como la cúrcuma, jengibre o canela, crucíferas como el brócoli…

 

Fructooligosacáridos (FOS) e inulina

Son fibras muy solubles y fermentables, prácticamente indigerible para la primera parte de nuestro sistema digestivo, pero que alimenta a los microbios que habitan en nuestro intestino grueso. 

Se encuentran sobre todo en: espárragos, remolacha, ajo, cebolla, puerro, diente de león, alcachofa…

 

 

almidón resistente

Almidón resistente

Es un tipo de almidón especial que resiste la digestión y que es consumida de forma íntegra por la microbiota. Es muy saludable porque favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, unos metabolitos producidos por la microbiota,
sobre todo de butirato. Hay 5 tipos de almidón resistente, y en algunos alimentos lo podemos encontrar de manera natural como en el plátano verde macho, y en otros, necesitarán pasar un proceso de COCINADO y ENFRIADO.

En este artículo sobre EL ALMIDÓN RESISTENTE tienes más información de cómo hacerlo.

 

fermentados

Fermentados

Estos pueden ser tanto “probióticos” como “prebióticos”, vamos, ¡un mix brutal para tu día a día! Consumiéndolos conseguimos una mayor diversidad bacteriana y tener esos refuerzos de nuestro lado.

Las fermentaciones tradicionales, sin pasteurizar, con alimentos naturales y ecológicos, son las que contienen mayor cantidad de microorganismos diferentes.

Se encuentran sobre todo en: chucrut, kimchi, kéfir, kombucha…

 

 

RECETA: Crema prebiótica antiinflamatoria

Ahora que ya hemos entrado en otoño y que se va notando el cambio de temperatura, van apeteciendo cositas más calientes y reconfortantes. Te dejo esta crema prebiótica cuya combinación te aportará grandes nutrientes y propiedades antiinflamatorias

Ingredientes

  • 250 g. de calabaza
  • 1 cebolla
  • 1 ajo
  • 5 zanahorias
  • 1/2 cucharadita de cúrcuma
  • AOVE (aceite de oliva virgen extra)
  • Trocito de jengibre (tamaño de un pulgar)
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • Sal y pimienta al gusto (u otras especias)

Elaboración

  1. Pela y corta en trozos grandes las cebollas, las zanahorias y la calabaza.
  2. Agrega todos los trozos anteriores junto con el ajo en una bandeja para hornear.
  3. Rocía de aceite de oliva virgen extra y sal (puedes agregarle otras especias) y hornea hasta que la calabaza y zanahoria estén tiernas.
  4. Echa todos los ingredientes horneados en una licuadora. Agrega el jengibre, la cúrcuma, el comino y agua (o caldo de verduras). Batir hasta que quede suave y cremoso.

En resumen, los prebióticos y la alimentación prebiótica es una alimentación antiinflamatoria con alimentos naturales y de verdad. Una alimentación que alimentará a tu microbiota, repercutiendo en tu salud en general.

¿Tienes alguna duda? ¡Te leo y contesto en comentarios!

¡BONITO Y FELIZ DÍA!

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Me voy de vacaciones, ¿y ahora qué? El botiquín para tus viajes.

botiquín de vacaciones

Por fin están aquí, ¡las deseadas vacaciones! Pero uy, espera, que yo estoy con tratamiento para SIBO/cándida/inflamación…, ¿y si al salir todo me sienta mal y vuelvo al principio?, ¿y si en el hotel/restaurante/apartamento no hay lo que yo puedo comer?, ¿y si todo el peso que he bajado, vuelvo a subirlo?

¿Te suena?

Buah, recuerdo hace muchos años (15 años que fue cuando dejé la leche) cuando empezaban a salir las primeras bebidas vegetales, la cara del camarero/a cada vez que pedía “leche de soja” en cualquier bar. O cuando sufrí una gastritis heavy acompañada de un SIBO cañero en pleno verano, de vacaciones en el extranjero… aaah amigo, créeme que sé lo complicado que puede llegar a ser.

Pero también sé que las vacaciones son el momento ideal para cambiar de escenario, romper con la rutina y sobre todo descansar, tanto física como mentalmente. Nuestro día a día, el trabajo, la familia, la barriga inflamada, el intestino dañado, los parásitos, la microbiota, la nueva dieta, los nuevos suplementos… todo esto puede llegar a ser muy estresante. Por eso, no es momento de contar calorías, ni de restricciones.

Es momento de soltar, de disfrutar, de comer, de dormir, de mirar las musarañas, de reír, de bañarte en el mar, en la piscina o en el río, de sobremesas y siestas, de aventuras, de primeras veces…, en definitiva, de relajarte entera/o TÚ y a tu sistema nervioso.

El irse de vacaciones es una prueba para ver si realmente los cambios de alimentación que has hecho durante este tiempo han sido forzados (“hago una dieta restrictiva por X tema y ya está”) o son un hábito más en ti, que tu cuerpo a todos los niveles necesita y nota.

 

Algunas de mis recomendaciones

BUSCANDO COMIDA CASERA O CON VARIEDAD.

A veces en los sitios más inhóspitos podemos encontrar la comida más casera y natural (pucheros, guisos de verduras, pescado/carne/huevos).

Si por el contrario, dependes mucho de sitios preparados con carta de alérgenos u opciones sin gluten, investiga lugares antes de viajar o si la logística te lo permite, puedes llevarte crackers o tortitas para salirte del apuro.

RELÁJATE Y DESCANSA

Para muchos, vacaciones es CERO MOVIMIENTO y para otros, TOTAL EXTENUACIÓN, así que vamos, ni tanto ni tan calvo oye! Tan bueno es incorporar algo de ejercicio o movimiento, por ejemplo, coger playa arriba y playa abajo, como darse un respiro de tanto turismo.

Intenta dejar la rigidez y control a un lado y prueba a dejarte llevar. Ni te imaginas lo que SOLTAR EL CONTROL dándole un respiro a tu mente, puede hacer por tu salud en general y por tu inflamación digestiva.

¿Sabías que nuestro ritmo circadiano está regulado por la luz del sol? Aprovecha para ver tantos amaneceres y puestas de sol como puedas, porque, además mejorará la calidad de tu descanso nocturno.

 

COMPENSA TUS COMIDAS.

Esto no quiere decir que dejes de comer NO! A nadie le apetece estar contando calorías, pero sí que es verdad que tu sistema digestivo agradecerá compensar grandes comilonas con otras más livianas o ligeras.

Por ejemplo, si hoy tienes una barbacoa (más todos sus añadidos), puedes hacerte una ensalada/gazpacho/verdura para cenar con un pescadito a la plancha. Pero ojo, solo si tienes hambre, si notas que todavía tienes el postre de la comida en la boca, puedes probar a hacer ayuno. No hay cosa peor que comer cuando no se tiene hambre ya que tu cuerpo no va a digerir de la misma manera.

O si por la noche tuviste una de esas cenas potentes, puedes saltarte el desayuno o hacerte alguna infusión de digestiva o jugo verde.

 

NO ES LO QUE COMES SINO CUÁNTO COMES.

Lo veo mucho por ejemplo en intolerancias, o cuando incorporamos una dieta baja en FODMAPs.  Lo más fácil sería decirte no comas fritos, ni azúcar, ni aceites hidrogenados, olvida el postre…pero ya sabemos que muchas veces esto es muy complicado.

Comiendo cantidades más pequeñas de según qué alimentos llega a ser más tolerable por el cuerpo. Además importantísimo, el contexto en el que comemos, que aunque no lo creamos marca la diferencia. A menos que haya un problema grave de salud o algún tipo de alergia seria, puedes permitirte compartir siempre cuidando las cantidades.

El cuerpo te dirá después si la decisión ha sido una buena idea o no. 😉

Obviamente no será lo mismo para todo el mundo. A alguien con celiaquía, enfermedad autoinmune o en pleno brote de inflamación por ejemplo, el tema es un poquito distinto. Por eso la importancia de que los cambios vengan desde un sentido más profundo, desde el disfrute y el autoconocimiento, sin sentimiento de restricción y aprendiendo a buscar  balances, a probar y ajustar hasta llegar a encontrar aquello que nos funciona a cada una/o.

 

¿Qué incluir en el botiquín de viaje?

Dependerá también del destino que elijas. No será lo mismo irse al pueblo, donde tienes más oportunidad de conseguir ciertos productos/suplementos/alimentos, que irse a un pueblecito de Vietnam. La cosa cambia y mucho. Por eso, hay ciertas cosillas que tengo siempre en casa y que son fáciles de llevar en la maleta. Te dejo algunos ejemplos que espero, te puedan servir: 

 

1.- Probióticos: La diarrea del viajero aparece como consecuencia del contacto con bacterias poco habituales a través de los alimentos o el agua de bebida. Sobre todo si vas a sitios donde la higiene es pobre y hay más posibilidades de infección/diarreas. Además, ya de por sí, aunque mínimo, pero cuando viajamos nuestro flora ya cambia.

Además de tomar precauciones, como evitar el agua no embotellada, las bebidas con hielo y los alimentos crudos, puedes tomar un suplemento probiótico, tanto para prevenir como para tratarlo cuando aparezca (si aparece) 🙂 En el caso de la diarrea del viajero, no todas las cepas son efectivas. En diversos estudios se ha visto que se obtienen mejores resultados cuando se suplementa con una sola cepa, sobre todo cepas de Lactobacillus acidophillus y Saccharomyces Boulardi. Si además lo combinamos con prebióticos, mejoraremos mucho más su implantación y estimularemos más su crecimiento.

2.- Enzimas digestivas. Aquellas personas que ya las toman sabrán que son de gran ayuda cuando vamos a comer fuera o cuando saben que van a hacer comidas copiosas. 

3.- Semillas de lino, ciruelas pasas, aceite y limón.

Para prevenir o mejorar el estreñimiento. En casos de cándidas, SIBO…evitar las ciruelas. Cómo tomarlas:

  • Semillas lino: poner 1 cucharada de lino en un vaso de agua toda la noche. Tomar el líquido en ayunas .
  • Ciruelas pasas: poner 1-2 ciruelas en remojo en un vaso de agua toda la noche. Tomar el líquido por la mañana y si vamos muy estreñidos tomar también la ciruela (sin el hueso).
  • Aceite y limón: esto es fácil encontrarlo en cualquier hotel. Tomar 1 cucharada de aceite y limón en ayunas.

4.- Kuzu

Uno de mis grandes aliados. Muy útil en trastornos digestivos e intestinales, por ejemplo, en diarreas o gastroenteritis. Idealmente, se disuelve una cucharadita en un poquito de agua y una vez disuelto se hierve con más agua. Se deja enfriar y se toma. Si viéramos que es complicado prepararlo, tomarlo crudo disuelto en agua, aunque no será tan efectivo.

Al kuzu, podemos complementarlo con ciruela o pasta de umeboshi (ciruela japonesa fermentada). Increíble para para infecciones intestinales, para problemas digestivos, cansancio o dolores de cabeza. Si queremos mejorar aún más la efectividad del kuzu, podemos añadir 1 cucharada de pasta de umeboshi al kuzu.

5.- Jengibre

Otro “must” en mi casa y en mis vacaciones, así que recomiendo ¡que te lo lleves en la maleta! Se ha demostrado clínicamente que el jengibre previene y alivia los mareos del viaje, las náuseas y los vómitos. También te ayuda con las molestias digestivas y con los síntomas del resfriado. A mí personalmente, me ayudó muchísimo con las náuseas en los primeros meses de embarazo (y créeme que ¡tuve muchas!).

Puedes prepararte infusión (2 g de jengibre fresco rallado dejándolo en decocción durante 15 minutos a fuego lento) o si te complica mucho preparártelo, puedes tomártelo en forma de tintura. Existen el jengibre deshidratado, que es brutal y efectivo, pero es más difícil de ver, sobre todo la versión sin azúcar. Si lo encuentras sin azúcar, no dudes en probarlo.

6.- Aceites esenciales

Pongo algunos básicos teniendo en cuenta su aplicación fácil y rápida, es decir, sin tener que llevarnos el difusor en la maleta 😊

  • Citronella: Para ahuyentar a los mosquitos, o en sitios tropicales para los bichos en general.
  • Menta: En casos de mareos o dolores de cabeza, podemos echar una gotita en un pañuelo e inhalar. O dar un suave masaje en la sien.
  • Lavanda: En caso de picaduras, basta con aplicar 2 gotas sobre la picadura (en niños 1 gota).

Pero sobre todo, que esto no te llegue a generar presión o estrés. Adáptalo a ti o a las necesidades de tu familia ya que no todos necesitamos las mismas cosas. Que no se te olvide que no hay salud física sin salud mental.

¡FELICES VACACIONES!  🙂

 

 

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Recetas que nutren tu piel

recetas que nutren tu pielCada mes tu piel “estrena” células nuevas, y para que este proceso se haga de la mejor manera, uno de los factores importantes que entra en juego es la alimentación.

Como ya explicaba en otro artículo de mi blog “Tu piel refleja lo que comes”, nutrir la piel es como nutrir el cuerpo, cuando nos alimentamos por vía oral, el alimento llega al sistema digestivo y lo procesamos para obtener nutrientes que luego pasarán al torrente sanguíneo. Este proceso es mucho más directo que el hecho de ponerse cremas, ya que los componentes nutricionales penetrarán en el organismo tendiendo un efecto positivo (o negativo) en el aspecto y salud de nuestra piel.

Dentro de la alimentación, podríamos decir que la base sería, frutas, verduras y hortalizas (por su contenido de fibra, vitaminas y minerales), grasas saludables ricas en omega-3 y proteínas de buena calidad. Sin olvidar un punto muy importante como es una óptima hidratación.

 

Alimentos comodín para tu cóctel nutritivo

Pepino

No solo por su gran poder hidratante, sino que su sabor amargo le ofrece propiedades depurativas y detoxificadoras. Puedes echarlo en las ensaladas, batidos verdes por la mañana o incluso como directamente en tu piel, teniendo un efecto calmante, y más ahora en verano.

Nueces

Son una buena fuente de ácidos grasos esenciales, que son grasas que su cuerpo no puede producir. Contiene una perfecta combinación de entre grasas omega-6/omega-3, disminuyendo la posible inflamación que puede ocasionar la excesiva ingesta de omega-6.

También contiene zinc, que es esencial para que la piel funcione correctamente como barrera, y vitamina E y selenio como antioxidantes.

Aguacate

La ingesta de aguacates se asocia con una piel más flexible, elástica y ayuda a proteger su piel del daño solar.

Son una buena fuente de vitamina E y C. El tener estas 2 vitaminas favorece la producción de colágeno que es la principal proteína estructural que mantiene la piel fuerte y saludable.

Es un alimento tan versátil que lo puedes comer en cualquier comida del día (en hummus, en tus tostadas, en ensalada, en tu batido, en una crema fresca de verano…).

Pimiento rojo

Es el alimento con más contenido en vitamina C. Esta resulta imprescindible para la formación del colágeno, proteína que sostiene la piel. Además, es una excelente fuente de betacaroteno, que tu cuerpo convierte en vitamina A.

 

 

Brócoli

Es uno de esos alimentos TOP desde mi punto de vista y que si te gusta y te sienta bien, ¡no debe faltarte!

Está lleno de vitaminas y minerales importantes para la salud de la piel, incluidos el zinc, la vitamina A y la vitamina C. También contiene luteína, un carotenoide que funciona como el betacaroteno. La luteína ayuda a proteger su piel del daño oxidativo. 

Y también contiene otro compuesto llamado sulforafano, con grandes propiedades anticancerígenas.

Pescado graso (salmón, caballa, sardinas…)

Son fuentes ricas en ácidos grasos omega-3 que son necesarios para ayudar a mantener la piel fuerte, flexible e hidratada. De hecho, una deficiencia de ácidos grasos omega-3 puede causar  sequedad de la piel. Como último punto, el pescado proporciona zinc, un mineral vital para regular la inflamación, facilita la cicatrización y la producción de nuevas células.

 

 

3 ideas de recetas para nutrir tu piel

Muchas veces, las recetas más sencillas son las que presentan mayores nutrientes. No hace falta complicarse la vida para sacarle el mayor partido a cada alimentos. A continuación te dejo 3 ideas rápidas y sencillas, cuya combinación de alimentos te aportará un plus de salud a tu piel. Y lo mejor, ¡que están deliciosas!

Pudding de chía, fresas y nueces

Ingredientes

  • 3 cds. de semillas de chía
  • 200 ml de leche de coco
  • 5 fresas en cuadraditos
  • 4 nueces
  • Canela en polvo

Elaboración

  1. Poner en un frasco de vidrio con tapa las semillas de chía con la leche de coco y mezclar bien.
  2. Conservar en la nevera al menos 20 minutos antes de consumirlo. Lo ideal es dejarlo toda la noche y volverla a mezclar al servirlo.
  3. Servirlo con las fresas en cuadraditos, las nueces picadas y un poco de canela.

Combínalo a tu manera, con mango, frutos rojos, kiwi (todos muy ricos en vitamina C y polifenoles), almendras (ricas en calcio y vitamina E), semillas de calabaza (altas en zinc).

 

Hummus de remolacha

Ingredientes

  • 400 g. de garbanzos cocidos
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 180 g. de remolacha cocida
  • 1 diente de ajo (o ajo negro) o puedes no poner nada
  • Zumo de un limón pequeño
  • 2 cucharadas de Tahini (pasta de sésamo)
  • 4 hojas de hierbabuena frescas o albahaca (para darle un toque de frescura)
  • 1 pizca de sal
  • 60 ml de aceite de oliva virgen extra (para la crema y para añadir por encima antes de servir)

Elaboración

  1. Lo primero será cocer la remolacha y dejar enfriar.
  2. Trituramos la remolacha ya fría junto con el resto de ingredientes hasta que quede una crema homogénea. Dependiendo de lo espeso que te guste, puedes agregarle un poquito de agua hasta obtener la textura que te guste.
  3. Podemos servir con semillas de sésamo por encima.

 

Batido verde de aguacate

Ingredientes

  • 1/2 aguacate
  • 1 manzana
  • 30g. de espinacas
  • 1 rama de apio
  • 150-200 ml de leche de almendras o coco
  • (opcional) 1 dátil Medjool sin hueso por si te apetece endulzar un poquito

Elaboración

  1. Echa todos los ingredientes en la batidora y bate hasta que estén bien integrados.
  2. El batido mejor tomarlo recién hecho, pero en caso de que te sobre, puedes guardarlo en un recipiente hermético en la nevera durante 1 día.

 

Espero que estas ideas tan sencillas te resulten útiles. Y ahora cuéntame tú, ¿alguna receta que quieras compartir conmigo?

¡FELIZ DÍA!

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Tu piel refleja lo que comes

La piel, nuestro órgano más visible

La piel es el órgano más extenso de todo el cuerpo y, aunque marca la frontera entre el mundo interior y el exterior, su aspecto exterior puede decirnos mucho sobre nuestro interior. 

Nutrir la piel es como nutrir el cuerpo, cuando nos alimentamos por vía oral, el alimento llega al sistema digestivo y lo procesamos para obtener nutrientes que luego pasarán al torrente sanguíneo. Este proceso es mucho más directo que el hecho de ponerse cremas (cuya publicidad te vende que te solucionará cualquier problema!) ya que los componentes nutricionales penetrarán en el organismo tendiendo un efecto positivo (o negativo) en el aspecto y salud de nuestra piel.

La piel avisa de las carencias nutricionales y de los excesos de tóxicos, como los alimentos ultra procesados o ricos en azúcares. El resultado puede ser diverso, como la aparición de acné, dermatitis y erupciones.

Hay muchos factores a tener en cuenta dentro de la alimentación y que son importantes, pero para el cuidado de la piel, diría que es básica una alimentación rica frutas, verduras y hortalizas (por su contenido de fibra, vitaminas y minerales), grasas saludables ricas en omega-3 y proteínas de buena calidad. Sin olvidar un punto muy importante como es una óptima hidratación.

Causas del envejecimiento o deterioro de la piel

El envejecimiento de la piel es un proceso multifactorial que se produce a partir de dos mecanismos distintivos:

  • Envejecimiento intrínseco: desde el interior
    • Altos niveles de azúcar en sangre
    • La capacidad del propio organismo para sintetizar colágeno
    • Las hormonas del estrés causan cambios en la producción y descomposición del colágeno de la piel.
    • Estado de nuestra microbiota
  • Envejecimiento extrínseco: desde el exterior
    • El estilo de vida: alimentación, consumo de alcohol, tabaco, la falta de sueño, el estrés crónico…
    • La exposición al sol. El daño solar acumulado de los radicales libres puede desencadenar un deterioro prematuro de la piel.
    • Factores ambientales como contaminación, químicos, disruptores endocrinos…

 

¿Qué nutrientes necesita la piel?

La salud de nuestra piel dependerá del aporte de vitaminas, minerales, antioxidantes, grasas saludables y proteínas de buena calidad. Si entramos en detalle en cada uno de estos nutrientes destacamos:

  • MINERALES
    • El hierro. Imprescindible para la formación de hemoglobina, componente de la sangre, y cuando falta la piel se vuelve más pálida y débil. Alimentos como carne, huevos, almejas, tofu, garbanzos y vegetales de hoja verde (combinar con alimentos ricos en vitamina C para mejorar su absorción).
    • Zinc. La mayor parte del zinc se encuentra en la piel, el cabello y las uñas y es básico para la regeneración de los tejidos. Alimentos como las semillas de calabaza, huevo, almejas, ostras, avellanas.
    • Silicio
  • VITAMINAS Y ANTIOXIDANTES
    • Vitamina C: Necesaria para la producción de uno de los componentes estructurales más importantes de la piel, el colágeno. Además, la vitamina C funciona como antioxidante y protege contra los radicales libres causados por la radiación UV previniendo el envejecimiento prematuro de la piel. Alimentos ricos en vitamina C: kiwi, pimiento, fresas, tomate, brócoli, pomelo…
    • Vitamina E: Activa la circulación sanguínea, regenera las células de la piel fortaleciéndola, optimiza el uso de oxígeno y reduce el endurecimiento de las paredes de los capilares. Hace una perfecta sinergia con la vitamina C, potenciando aún más su poder antioxidante. Algunos ejemplos de alimentos ricos en vitamina E son los frutos secos, aguacate, espinacas o  el salmón.
    • Betacaroteno o provitamina A: Pertenece la familia de los flavonoides y su especial interés reside en que tiene actividad provitamina A. El betacaroteno en sí mismo no es un nutriente esencial, pero la vitamina A sí lo es. Los betacarotenos, son un gran antioxidante, que protege nuestro organismo de la oxidación celular; estimulando el sistema inmune. ¿Dónde podemos encontrarlo? En alimentos con mucho color! Algunos ejemplos:
      • Albaricoques, papaya, mango
      • Perejil, col kale, espinacas, brócoli
      • Boniato, calabaza, zanahoria, pimiento
      • Espirulina, chlorella, algas
    • Coenzima Q10: Es otro antioxidante presente en la piel y que se ve afectada por la edad y por el déficit nutricional, entre otras cosas. Prevalece en alimentos como carnes (pollo) y pescados (salmón), frutas (naranjas, fresas y frambuesas), legumbres (lentejas y guisantes), verduras y hortalizas o semillas y frutos secos.
    • Selenio: Interviene en la síntesis de colágeno, así como para contrarrestar los radicales libres y prevenir el envejecimiento celular. Podemos encontrarlo en alimentos como la nueces de Brasil (son las reinas!), semillas de girasol, huevo, pescados…

 

  • ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES: Son básicos para una correcta regeneración celular de la piel proporcionando hidratación. El omega-9 presente en el aceite de oliva prensado en frío; y las poliinsaturadas: el omega-3 y el omega-6 de semillas oleaginosas y frutos secos.

 

  • COLÁGENO. Es la proteína fibrosa que mantiene unidos los tejidos. A medida que envejecemos, su producción va disminuyendo gradualmente provocando (entre otras muchas cosas) flexibilidad en la piel. Algunas fuentes importantes de colágeno:  pimiento, tomate, huevo, caldo de huesos, limón, sardinas…

 

  • ALIMENTOS FERMENTADOS (probióticos): Los probióticos para modular la microbiota intestinal y con ello el sistema inmunitario y la inflamación de la piel.

  

¿Qué está dañando tu piel?

Más que alimentos en concretolo que perjudica a la piel es el tabaco y una dieta desequilibrada en general. Pero es cierto que el consumo alimentos inflamatorios (lácteos, gluten, alimentos ultra procesados, aceites/grasas hidrogenadas, azúcar…) acidifica la sangre y favorece la toxemia, lo que se traduce en una piel más deteriorada.

Hay que tener en cuenta que cuando el organismo contiene emociones estancadas, está inflamado o hay exceso de tóxicos, uno de los órganos excretores es la piel, de ahí que aparezcan erupciones, acné, eccemas y/o envejecimiento prematuro. Otros factores que pueden estar dañando a la salud de tu piel:

  • Estreñimiento: En un cuerpo lleno de toxinas es difícil que haya equilibrio y a la larga, se acabará notando en nuestra piel. Por eso, además de tener en cuenta la alimentación para poder regular el tránsito intestinal, es necesario asegurarse de solucionar la causa que nos está generando este estreñimiento crónico (SIBO, disbiosis intestinal, parásitos…).

 

  • Estrés crónico y/o conflictos emocionales: La piel representa nuestras limitaciones y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Los problemas de piel son el signo de las dificultades de nuestras vivencias con el mundo exterior, con nuestras relaciones.

 

  • Microbiota débil y en desequilibrio: Acné, psoriasis o dermatitis atópica, son causadas por un proceso inflamatorio cutáneo, el cuál puede deberse y estar relacionado con una alteración de la microbiota intestinal que haga que la barrera intestinal se haga más permeable y cause tanto inflamación local como sistémica.
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El caldo de huesos y sus beneficios

caldo de huesos

No sé vosotros, pero yo soy muy fan de la cuchara, y me da igual invierno que verano, no hay nada como un buen caldo casero sabroso, aromático y reconfortante. Y el de huesos, ¡no iba a ser menos!

Tradicionalmente, los seres humanos hemos venido consumiendo caldo de huesos como base fundamente e integral de nuestra alimentación, en sopas, guisos, salsas… Vamos, que lo que nuestras abuelas preparaban con tanto cariño cuando éramos pequeños, hoy es considerado casi como oro líquido.

¿Por qué razón está considerado como un elixir de salud?

La habilidad de tu cuerpo para generar colágeno, reparar el hueso, tendones, ligamentos, cartílago, piel, cabello y uñas, disminuye con la edad y en caso de enfermedad.

El caldo de huesos, contiene minerales en una forma que el cuerpo es capaz de absorber con facilidad. No solo calcio sino también magnesio, fósforo, silicio, azufre y oligoelementos. Contiene el material proveniente del cartílago y de los tendones – elementos como sulfatos de condroitina y glucosamina.

Se prepara precisamente con la finalidad de extraer todos los nutrientes de estos y poder beneficiarnos de ellos de una forma fácil y deliciosa. Cuando cocinamos los huesos lentamente en agua, acidificando ligeramente el agua con un vinagre, los minerales y otros nutrientes se extraen de los huesos y van a parar al agua, permitiendo así que nuestro cuerpo sea capaz de absorber todos estos nutrientes.

Algunos de sus beneficios

  • Es un alimento con alta densidad nutricional. Es una medicina para el cuerpo.
  • Combate la inflamación. Los aminoácidos como la glicina, prolina, arginina tienen efectos antinflamatorios.
  • Al ser una bomba de minerales, sobre todo de calcio, magnesio, azufre, potasio y sodio, te ayudará a reforzar los huesos, y por lo tanto a prevenir las enfermedades de desgaste del sistema óseo.
  • Mejora la digestión, por su alto contenido en gelatina y colágeno ayuda con los jugos gástricos y repara las paredes del intestino.
  • Promueve el crecimiento saludable del cabello y de las uñas, al ser muy rico en gelatina y colágeno.
  • Bueno para la artritis y el dolor articular, por su contenido en glucosamina y condroitina que pueden ayudar a mitigar los dolores.

 ¿Cómo puedo tomarlo?

Además de estar riquísimo y de aportarnos tantos beneficios, este caldo es muy versátil y podemos usarlo en diferentes platos. Algunas ideas:

  • Tomarlo como un consomé solo antes de las comidas o en ayunas. Podemos agregarle un poquito de miso para darle un aporte de probióticos.
  • Para añadir a una crema o puré de verduras, y darle más sabor.
  • Para hacer salsas.
  • En estofados.

Consejos para su elaboración

  • Es imprescindible hacerlo a fuego lento. El tiempo de cocción dependerá del animal y del tipo de olla que tengas.  En el caso del tipo de olla, sí que es verdad que existen unas ollas de cocción lenta o “crock-pot” que te permiten cocinarlo durante mucho tiempo y con muy bajo consumo. Pero si no tienes una, ¡no pasa nada! Usa tu olla de toda la vida.
    • Con olla lenta o crock-pot, la cocción va de 24h – 48h.
    • Con olla normal de 12-14h (mínimo unas 8h).
  • Importante la calidad de los huesos que se usen (de vaca, pollo, pescado…). Ten en cuenta que de ellos se extraerán los minerales, el colágeno, la gelatina y otras sustancias beneficiosas para tu organismo, y nutrirán el caldo que luego te beberás.
  • Un secreto es conseguir que el caldo tenga una estructura gelatinosa, que al calentarse se volverá líquida y sabrosa. Para eso, hay que cocinarlo a fuego lento durante muchas horas.
  • Hay muuuuchas formas de preparar un caldo, por lo que imaginación a la hora de agregar ingredientes y sabores. Las verduras y las hierbas le darán un toque diferente y mayor nivel nutricional. Se puede agregar romero, tomillo, jengibre, ajo, algas, pimienta negra, laurel…
  • Si al meterlo en la nevera ves que se te queda con una consistencia de gelatina, es buena señal, indicará que los huesos han soltado todo el colágeno y lo tienes disponible en el caldo. Pero tranquilo/a que cuando lo calientes, se volverá líquido de nuevo.
  • Para que tu caldo de huesos tenga un sabor rico debes retirar la espuma que sale al principio. Se trata de impurezas que salen a la superficie.
  • Puedes refrigerar el caldo de huesos por hasta 5 a 6 seis días. Un buen caldo de huesos se gelatiniza uno o dos días después de estar en la refrigeradora.

Receta

Y ahora sí, ya es hora de ¡ponernos a por faena! Aquí va la receta.

Ingredientes

  • 750 – 1500 gr de huesos de ternera o combinación
  • 2 o 3 cebollas
  • 1 o 2 puerros
  • 2 zanahorias
  • 1 rama de apio
  • 2 cdas de vinagre de manzana eco
  • 1 diente de ajo
  • 2 o 3 litros de agua filtrada
  • Hierbas aromáticas a elegir: tomillo, romero, perejil…
  • 1 trocito de jengibre fresco (opcional)
  • Un poco de alga kombu (opcional, pero recomendada por su aporte extra de minerales)

Elaboración

  1. Colocar los huesos, el agua y el vinagre en una cacerola y deja macerar 1 hora. Sobre todo en los de vacuno, también puedes hornearlos durante 45min a 180ºC.
  2. Transcurrida la maceración (o asado), agregar las verduras cortadas en trozos grandes.
  3. Llevar a fuego fuerte hasta que hierva.
  4. Bajar el fuego y cocinar tapado a fuego mínimo (12 a 14h)
  5. Cuando quede 1 hora para terminar, agregar las hierbas aromáticas.
  6. Apagar el fuego, dejar enfriar y colar.
  7. Usar o guardar en frascos de vidrio. Si tiene mucha grasa se compactará con el frío en la parte superior.

 

Aunque parece muy tedioso o que implica mucho tiempo, de verdad, es facilísimo y puedes organizarte un día del finde a hacerlo. No podemos comparar el caldo envasado (aunque sea ecológico) a uno casero, sobre todo si lo que buscamos es un alimento rico en nutrientes y con tanta cantidad de propiedades como tiene este.

 

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Bebidas vegetales. ¿Cuál elijo?

Bebidas vegetalesEl auge de las bebidas vegetales

Ya sea para quienes son veganos o que por razones de salud no pueden consumir lactosa o proteínas de la leche de vaca, o bien porque les haya gustado su sabor, las bebidas vegetales son una muy buena alternativa a la leche de vaca. Pero en caso de que no queramos elaborarlas en casa y decidamos comprarlas en el supermercado, te recomiendo que vigiles lo que estás comprando, ya que no por ser alimentos vegetales, tienen que ser ya de por sí, saludables.

Por eso he preparado esta pequeña guía, para darte algunos consejos sobre en qué fijarte, tipos de bebidas y algunas marcas que desde mi punto de vista, no están tan mal.

Además del gusto de cada uno, las principales razones para el crecimiento del sector de las bebidas vegetales son:

  1. Alergia o intolerancia a la lactosa.
  2. Mayor digestibilidad: Al no contener caseína (proteína de la leche) puede resultar menos pesada y de fácil digestión.
  3. Tendencia a reducir el consumo de proteína animal.

Bajo este nombre encontramos una amplia gama de productos elaborados a partir de extractos de vegetales como:

  1. Bebidas vegetales a base de cereales: como la avena, el arroz, quinoa o la espelta.
  2. Bebidas vegetales a base de legumbres, como: la soja.
  3. Bebidas vegetales a base de frutos secos, como: almendras, avellanas o nueces.
  4. Bebidas vegetales a base de fruta como el coco.
  5. Bebidas vegetales a base de semillas, como: lino, cáñamo, alpiste, sésamo.

 

Criterios para escoger una bebida vegetal

Para poder saber si estamos escogiendo una bebida de calidad, debemos leer bien las etiquetas y NO dejarnos llevar por los eslóganes del packaging. De manera general, os recomiendo seguir estos tres criterios:

1.- Sin azúcar añadido.

No debe contener azúcar añadido. Recuerda sobre todo leer los ingredientes. Si encuentras palabras tales como azúcar, jarabe de…, fructosa, sacarosa, dextrosa, etc… ¡Evítala! Procura que no contenga más de 5g de azúcares simples por cada 100ml, si el contenido es mayor descártala como bebida de consumo diario.

Una muy buena pregunta que me suelen hacer mucho es, ¿Cómo puede tener tanto azúcar la leche de avena (cereales en general) si el azúcar no aparece en la lista de ingredientes?

La respuesta es la misma que en el caso de las papillas de cereales hidrolizados para bebés: no, no les añaden azúcar, pero durante la elaboración se les aplica un proceso de hidrólisis enzimática que parte las largas cadenas de hidratos de carbono complejos y los transforma parcialmente en azúcares simples, y por tanto, dulces. 

Por lo tanto, al igual que los cereales hidrolizados no son una buena elección para los bebés por su alto contenido en azúcar, habrá que evitar la leche de avena en menores de un año por esa misma razón.

 

2.- Enriquecida idealmente en calcio y vitamina D (y B12)

Ten presente que ninguna de ellas lo contiene de forma natural, por lo que si estás buscado un sustituto de la leche has de asegurarte que esté enriquecida con un mínimo de 120mg de calcio por cada 100ml y que sea citrato cálcico. Y si además están enriquecidos en vitamina D y B12 será fenomenal. Sí que es verdad, que todavía cuesta encontrar variedad que esté enriquecida, pero bueno, te lo dejo como dato por si acaso! OJO, nunca como sustituto en caso de deficiencia.

 

3.- Lista de ingredientes

SIEMPRE recomiendo leer las etiquetas, y en el caso de las bebidas vegetales, habrá que mirar sobre todo el % de material prima (cantidad de avena, soja, coco…), que debería ser como mínimo del 10%. En el caso de que no se especifique el número, fíjate entonces el orden en el que aparecen los alimentos en la etiqueta: las primeras posiciones son las mayores cantidades, por lo que si por ejemplo, “avena” aparece como último ingrediente y no lo especifica, indicará que la cantidad de materia prima que tiene es baja.

Recuerda que los ingredientes que una buena bebida vegetal debería llevar en su etiqueta son básicamente tres: agua, el alimento en sí (“habas descascarilladas de soja”, por ejemplo) y sal. 

Ah! La sal en pequeñas cantidades es un potenciador del sabor, especialmente del sabor dulce, pero claro, siempre que sea en pequeñas cantidades!

Otro dato a tener en cuenta es que a muchas bebidas vegetales, especialmente las de cereales como la avena, les agregan algo de aceite vegetal (por ejemplo, de girasol, ya que su sabor es bastante neutro) para que tenga más cuerpo. En caso de elegir alguna con aceite vegetal, que éste no sea más del 2%.

 

Hablemos de cada tipo

Aunque hoy en día, y cada vez más, podemos encontrar mucha diversidad de bebidas vegetales, y mucha combinación entre ellas (arroz + coco, quinoa + chía…), yo únicamente me he centrado en las 5 principales y que más se suelen comercializar. 

BEBIDA DE SOJA   

Esta puede ser comparable a nivel proteico con la leche, con una cantidad prácticamente igual. Algo especial y característico de las bebidas de soja: las isoflavonas, unas sustancias vegetales secundarias, que pueden actuar como estrógenos en el cuerpo y en ciertas situaciones ofrecer beneficios, aunque con un poder menor al de los estrógenos. La leche de soja al natural no tiene nada de azúcar, por lo que suele ser de las que contienen menos cantidad de azúcar (menos de 2,5 gr/ 100ml). 

En su contra, el sabor no gusta a todo el mundo, hay personas a las que no les sienta bien y contiene antinutrientes que pueden hacer que asimilemos peor otros nutrientes. Es importante que la bebida de soja que escojáis sea de soja orgánica, no modificada.

Algunas opciones buenas:

  • Carrefour Bio Soja (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua, habas de soja* (15%)
    • Azúcar: 0,8g
  • Hacendado Soja (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: agua, habas de soja descascarilladas (14%)
    • Azúcar: 0,6g
  • YoSoy Bio (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua del Montseny, soja (13,5%), sal marina.
    • Azúcar: 0,8g

 

BEBIDA DE AVENA

Rica en hidratos de carbono (y de las que suelen tener más azúcar) ya que suele llevar un porcentaje bastante óptimo de avena. Además, su aporte proteico a diferencia de otras es bastante óptimo al igual que la bebida de soja. 

Cuenta con un contenido en fibra muy alto, lo cual favorece el tránsito intestinal; es una bebida saciante, más ‘seca’ que otras y disminuye el colesterol.

Inconveniente, puede contener gluten, y en caso de inflamación, puede no sentar tan bien.

Algunas opciones buenas:

  • YoSoy Bio Avena
    • Ingredientes: Agua del Montseny, avena (14%).
    • Azúcar: gr
  • Oatly Bio Avena
    • Ingredientes: Agua, avena* 10%
    • Azúcar: 4gr
  • Alpro Avena (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: agua, avena(gluten) (8,7%), fibra de la raíz de achicoria, aceite de girasol, carbonato cálcico, sal marina, estabilizante (goma gellan), vitaminas (B2, B12, D).
    • Azúcar: 0 gr
  • Naturgreen Bio Avena
    • Ingredientes: Agua, Avena* (11%) y sal.
    • Azúcar: 3,5 gr

 

BEBIDA DE ALMENDRAS

Es rica en calcio, porque las almendras son una buena fuente de este mineral. A menudo, como estamos hablando de un fruto seco, no le añaden ningún tipo de grasa, porque ya contiene una y es más fácil que se mantenga estable.

Aunque la almendra es una buena fuente de proteína vegetal, en las bebidas procesadas, el contenido en almendra se encuentra en un bajo porcentaje, algo que supone un inconveniente. Son una alternativa a las bebidas de soja, sobre todo en quienes son alérgicos a esta legumbre.

Algunas opciones buenas:

  • Eco Cesta Bio (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua, almendra* 5%, sal marina
    • Azúcar: 0g
  • BeBegetal Kaiku (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua, almendras(4%), emulgente (lecitina de girasol), sal marina y aromas naturales.
    • Azúcar: 0g

 

BEBIDA DE COCO

Ligera y con una textura densa parecida a la de la leche. No contiene azúcares y muy rica en grasas saludables. Como punto en contra, es su escaso aporte proteico.

Algunas opciones buenas:

  • Ecomil Bio coco (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua, coco* (4.5%), almidón de tapioca*, aroma natural de coco*, sal marina.
    • Azúcar: 0,3g
  • Alpro coco (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: agua, leche de coco (7%) (crema de coco, agua), agua de coco (2,6%), fosfato tricálcico, aroma natural de coco, estabilizantes (goma guar, goma xantana, goma gellan), sal marina, vitaminas (B12, D).
    • Azúcar: 0 g

 

BEBIDA DE ARROZ

Las bebidas de arroz, a diferencia de las anteriores, poseen mayor proporción de hidratos de carbono y casi no aportan grasas, pues derivan de un cereal. También, de todas, es de las que tiene un contenido más bajo de proteínas (menos de 1g por vaso). Reconozco que no suele ser una bebida que recomiende mucho, ya que para mi gusto tiene dos grandes inconvenientes: aunque en cantidades bajas, pero contiene arsénico (desaconsejada en niños), y es que la gran mayoría contiene una gran cantidad de azúcar.

Algunas opciones buenas:

  • YoSoy Arroz (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Agua del Montseny, arroz (15%), aceite de girasol, sal marina.
    • Azúcar: 4,7g
  • Alpro Arroz (sin azúcares añadidos)
    • Ingredientes: Base de arroz (Agua, Arroz (12,5%)), Aceite de girasol, Calcio (Fosfato tricálcico), Sal marina, Estabilizador (Goma gellan), Regulador de acidez (Fosfatos de potasio), Vitaminas (B12, D2)
    • Azúcar: 3,3 g

 

Las bebidas vegetales pueden ser buenos procesados que complementen tu alimentación, pero que nunca sustituyan los alimentos reales a nivel nutricional. Su contenido en materia prima sigue siendo bajo (ejemplo: bebidas de almendra con un 3% de almendra…) y carece de sentido tomar “bebida de” para obtener el aporte nutricional de determinado alimento. Vamos, que será mejor (y tendrás mayor aporte nutricional) comer un puñado de almendras, que beber medio litro de bebida de almendra, y así con todas.

Por eso, elijas la que elijas, todo en exceso deja de ser saludable, y siempre es recomendable dentro de un contexto de alimentación equilibrada.

 


Descargo de responsabilidad: Este post es meramente informativo. No tiene la intención de proporcionar consejos médicos, diagnóstico o tratamiento. En caso de presentar síntomas que puedan estar relacionados con algún problema de salud, debes acudir al médico para realizar las pruebas pertinentes.

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Hambre del corazón. ¿Qué emoción no estás atendiendo?

Hambre emocional

El hambre y tipos

El hambre es algo que todo el mundo siente y tiene, pero hay veces que esa hambre es diferente y nos puede llevar a comer y sentir de una forma u otra. Esas diferencias se deben a que existen varios tipos de hambre. 

Cuando tenemos hambre es importante detectar y saber de dónde viene. Lo mismo cuando comemos, saber qué nos mueve a comer y desde dónde o estamos haciendo. Esto, aunque parezca una tontería, marca una grandísima diferencia a la hora de mantener una relación sana con la comida y con un@ mism@.

A diferencia de lo que mucha gente cree, existen diferentes tipos de hambre más allá del emocional o el fisiológico. Según la pediatra y maestra zen, Jan Chozen Bays, en su libro “Comer atentos”, existen los siguientes tipos (en donde no entraré en detalle ahora): hambre visual, táctil, olfativa, bucal, auditiva, estomacal, mental, social y el que hoy nos interesa, hambre del corazón.

 

¿Qué es el hambre del corazón?

No siempre el hambre nace de nuestro estómago o de la necesidad de nutrientes. A veces, el hambre surge del corazón.

El hambre de corazón es el hambre que aparece cuando tenemos un vacío emocional. Es el que nos lleva, a tratar de cambiar nuestro estado de ánimo a través de la comida; es decir, para deshacernos de sensaciones y emociones incómodas, como la frustración, tristeza, irritación, aburrimiento, ansiedad, disgusto, enfado, confusión, inseguridad o impaciencia.

Sabemos que la comida, es mucho más que nutrientes y energía, puede convertirse en una medicina instantánea, en un calmante emocional que alivia, suaviza y calla, lo que me duele.

Pero esto es algo normal y todos lo hemos experimentado alguna vez, ya desde bebés y unidos al pecho de nuestra madre o al biberón, nos sentíamos calmad@s y segur@s.

Asociamos que la calma, la conexión y el amor llegan a la vez que la comida.

Aunque muchas veces nos cueste ser conscientes de ello, la comida se convierte en una pastilla mágica con la que intentamos llenar esos vacíos y huecos del alma. Pero, por más que lo intentemos, no hay ningún “superalimento” que logre calmar el vacío de nuestros corazones.

Pero ojo, no estoy diciendo que hacerlo de forma ocasional suponga un problema, ya que la vida NO es LINEAL y el hambre emocional es algo NATURAL. Sí que será problemático, cuando se convierta en la única herramienta que tengamos para gestionar ese dolor o vacío emocional.

¿Por qué seguimos viendo el sufrimiento como algo malo del que es mejor no hablar? ¿Por que los escondemos tan adentro de nosotros que no somos ni capaces de darnos cuenta que nuestro cuerpo nos está gritando? Necesitamos abrirnos, ir sacando capas y mirar de cara al sufrimiento, ya que él nos puede dar muchas respuestas.

 

¿Cómo distinguirla?

El hambre del corazón o emocional, a diferencia del hambre fisiológica o de estómago, llega de manera rápida, inesperada, pidiéndonos comer alimentos específicos (como chocolate, patatas, dulces), de manera casi inconsciente y en gran cantidad.

 Aquí un breve resumen entre hambre emocional y hambre fisiológica:

Hambre del corazón, una oportunidad de autoconocimiento y sanación 

Es importante saber detectar cuándo lo que sentimos es hambre emocional y no física, pero NO para controlarla o eliminarla de nuestras vidas, sino como una oportunidad para silenciarnos, observarnos, atendernos con amor y respeto e intentar descubrir lo que necesitamos.

Por eso siempre digo, que por muchos cambios de alimentación que hagamos, o por muchos alimentos eco o saludables que comamos, primero, es esencial realizar un viaje a nuestro interior para desenmarañar cómo es nuestra relación con la comida. A darnos cuenta qué sentimos realmente.

 Solo vamos a conseguir calmar al hambre emocional, cuando pasamos del modo automático al consciente. Al AQUÍ y al AHORA. Podemos conseguir esto al tomarnos un momento para parar, respirar y preguntarme ¿qué siento?, observar lo que hay debajo e identificar qué emoción estoy calmando con comida.

Es necesario ponerle nombre a lo que nos ocurre, a identificar lo que necesito y si hay algo que me molesta o necesito cambiar. Todas las emociones que podemos llegar a sentir en esa situación son válidas y necesarias, y necesitamos abrazarlas.

Algunas preguntas que puedes hacerte:

  • ¿De qué me estoy dando cuenta? (Por ejemplo, de que soy muy dur@ conmigo y me autoexijo demasiado, o de que necesito estar sol@, o de que necesito cambiar de trabajo…)
  • ¿Qué siento? (Tristeza, rabia, vergüenza, ansiedad…)
  • ¿Qué necesito ahora mismo? (Más ternura, silencio, desconexión…)
  • ¿Necesito algo de mí mism@ o de otra persona?

 

Identificar cuál es el estado emocional que me impulsa a comer me ayudará a ampliar mi autoconsciencia y autocompasión.

¿Practicamos?

Es muy importante aprender a comer conscientemente, con presencia y atención, pues de esa manera de alimentarnos surge una sensación de intimidad y conexión. Yo estoy conmigo, me escucho, me atiendo. Por eso, el Mindful Eating o Alimentación Consciente, es una herramienta crucial en este camino.

Jan Chozen Bays, en su libro Comer Atentos, propone un ejercicio para ser más conscientes de nuestra hambre de corazón, y ayudarte a abrazarla:

  1. Cierra los ojos y respira un par de minutos.
  2. Hazte la siguiente pregunta: ¿qué comes cuando te sientes triste o solo? ¿Qué alimento te apetece en esos momentos?
  3. Visualiza esos alimentos. 
  4. Elige uno de ellos, y regálate una pequeña porción.
  5. Contempla con amor el alimento que tienes frente a ti. Siente agradecimiento por poder tenerlo. 
  6. Come ese alimento muy lentamente y, con cada bocado, imagínate que lo estás enviando a tu corazón, lleno de afecto, compasión y amor. Respira y observa las sensaciones que te produce comerlo así, con ese permiso y ese amor.

Espero que te haya gustado y servido este artículo que he escrito con mucho amor e ilusión, ya que, para mí, este fue y es un auténtico camino de autoconocimiento. Espero que también lo sea para ti. Recuerda que toda emoción es bienvenida y necesaria en tu aprendizaje. NO niegues nunca al hambre del corazón, al revés, aprovéchalo como señal para escucharte, observarte y darte amor.

La solución nunca será restringirse o compensar.

 

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Guía para interpretar etiquetas alimentarias. ¿Sabes lo que comes?

La importancia de empezar a ser consciente de lo que comemos.

En mi vida anterior y durante muchos años, trabajé en el mundo del marketing y durante un tiempo, en el sector de alimentación ecológica, por lo que todo el tema de “packaging” y marketing de etiquetas, lo tengo muy por la mano.

Fue ahí cuando me di cuenta de la de normativas que hay para poder elaborar el paquete del producto (tamaño de letra, orden de palabras, alérgenos, negrita, declaraciones que se pueden hacer o no dependiendo de la cantidad o % que contenga el producto…), pero también, de las “trampas” que se hacen para poder publicitar eslóganes engañosos. Y es que un “Solo 15 calorías” o “Sin azúcar y sin gluten”, vende más que el propio anuncio de televisión.

Sí amig@s, estamos muy engañados (¡servidora incluida!) y sobre todo en el sector de alimentación. Por eso, una de las cosas que me gusta enseñar en consulta, es a leer etiquetas. Algo tan simple, que ayuda a ver la guarrería que nos meten sin darnos cuenta, muchas veces. Por eso, he creado esta guía básica para interpretar etiquetas; empezando por esta infografía:

 

Infografía "Cómo interpretar etiquetas"

 

Vale, pero…¿Cómo interpreto las etiquetas?

¡Vayamos a la parte práctica! Realmente ¿Qué es lo que debemos tener en cuenta para que no nos vendan gato por liebre? Si tuviera que resumir en una única recomendación la dieta que debes seguir para mejorar tu salud, sería algo como:

A poder ser, come comida real y natural, es decir, que no venga en un paquete. Si lo que vas a comer requiere una etiqueta, ya debes sospechar que puedes estar frente a un pseudo-alimento. Un pescado, un trozo de carne, una berenjena, o una manzana no necesitan una lista de ingredientes. Es comida, punto.

Aunque existen variaciones según regulación de cada país, los parámetros estándar que casi siempre veremos en las etiquetas son:

 

TAMAÑO DE LA PORCIÓN

Lo primero que debes tener en cuenta es qué cantidad vas a consumir aproximadamente, ya que esto puede engañar mucho. Una estrategia para que comamos más alimento es hacer las porciones mayores. La información nutricional se da 100g de producto, pero muchos otros ponen, además, “Por porción 30g”. En caso de poner solo por 100g, puede hacer que los números parezcan más pequeños.

  • Claro, los 30g de porción no serán lo mismo en un producto que en otro.
  • Según cómo vengan envasados, por ejemplo, en tortitas que vienen en envases de 2 o 4 tortitas, suelen jugar con la información de 1 tortita solamente (como en la foto que pone 76 kcal 1 tortita), pero una vez abierto el envase, lo que casi todo el mundo hace es comerse más de 1 unidad.

 

INGREDIENTES

El dato MÁS IMPORTANTE a tener en cuenta. De hecho, yo es lo primero que miro (junto con el azúcar). Aunque por ley, están obligados a usar un mínimo de letra en la etiqueta para poder ser leído, hay veces que se filtran muchas o sin ingredientes o con una letra ilegible. Por eso, mi recomendación, mirar ingredientes lo primero, ahora explicaré el porqué.

Si contiene pocos ingredientes es un producto poco procesado, más natural

  • El orden de los ingredientes te dará pistas sobre lo que el producto contiene en mayor cantidad. Es decir, que si el 2º ingrediente ya es el azúcar…te dice mucho.
  • Piensa que los azúcares pueden aparecer con distintos nombres. Si en la etiqueta lees jarabe de maíz, dextrosa, maltosa, glucosa, sacarosa, fructosa, miel de caña o concentrados de zumos de frutas es que lleva “azúcar añadido”.​

 

VALOR ENERGÉTICO (calorías)

Éste suele ser el dato que casi todo el mundo mira primero y el mayor error. Me gustaría recordar que no todo son calorías, es decir, no siempre es saludable consumir un producto que tenga muy pocas calorías, pero que, en su defecto, le hayan agregado conservantes o aditivos.

Os dejo un ejemplo a continuación:

 

Lo primero que te muestran es que por barrita tiene “solo” 82 kcal, pero si miras la información nutricional, una barrita de 30 g tiene 9,0 gr de azúcar, lo que supone un 10,0% de la cantidad máxima orientativa al día, es decir, mucho!

¡Y si miras ya los ingredientes te asustas, 10 filas de ingredientes!

> RECUERDA: cuantos menos ingredientes mejor.

 

GRASAS

Además de la información que he especificado en la infografía del principio, si en los ingredientes se indica “aceite vegetal hidrogenado” o “grasa parcialmente hidrogenada” o “estabilizantes vegetales”, el producto contiene grasas trans.

Si el producto contiene aceites de origen vegetal ha de mencionarlo en la etiqueta como “aceites/grasas vegetales” y entre paréntesis mencionar de qué aceites se trata, ya que no es lo mismo un aceite de oliva a un aceite de palma.

Algunos ejemplos de nomenclaturas del aceite de palmaaceite de palma, aceite vegetal, ácido palmítico, palmiste, palmitato, grasa de palma, manteca de palma, glicerina, alcohol cetílico, lauril sulfato de sodio, estearatos, sulfato de alcohol graso, equivalente mantequilla de coco, etc.

Debemos tener en cuenta que las grasas trans se pueden identificar con diferentes nombres:

  • Aceites vegetales parcialmente hidrogenados
  • Aceites hidrogenados
  • Ácidos grasos trans
  • Grasas parcialmente hidrogenadas o hidrogenadas
  • Margarina o mantequilla (que son ingredientes que poseen grasas trans)

Otro dato a tener en cuenta es que cuando un alimento se denomina 0% grasas trans puede tener 0 gramos de este tipo de lípidos o puede tener hasta 0,5 gramos de grasas trans por cada 100 gramos.

 

HIDRATOS DE CARBONO

Dato importante, pero como todo, habrá que darle importancia a su procedencia, ya que no es lo mismo el azúcar añadido (jarabe, sirope…) de un producto procesado, que el carbohidrato que procede de un dátil.

Los azúcares son el dato que viene por debajo de los hidratos de carbono, y el segundo dato (después de los ingredientes) que siempre recomiendo mirar primero. Ejemplos para mostrar que no es oro todo lo que reluce:

  • Productos “Sin azúcares añadidos”, pero que lo camuflan con otros nombres.
  • Productos 0% grasa y bajos en calorías, pero altos en azúcar y aditivos. Como es el caso de este yogur de Vitalinea en donde:
    • Hidratos vs azúcar: de los 15,60g de hidratos por 100g, 12,40g son azúcar!!
    • Azúcares ocultos: glucosa, dextrosa, polidextrosa, miel y miel de caña, jarabe de maíz, sacarosa, maltosa, sucrosa, caramelo, almidón modificado de maíz, lactosa, zumo de manzana, zumo de fresa… y por supuesto azúcar y azúcar invertido.
    • Aditivos: edulcorantes (sucralosa, accesulfamo K, fructosa…), estabilizantes (almidón), espesantes (pectinas), emulsificantes (gelatina, goma xantana, carragenanos), colorantes (antocianinas, carmín).

Te recomiendo que visites la página www.sinazucar.org para darte cuenta de la cantidad de azúcar que llevan algunos productos que quizás consumas de manera diaria y que te sorprenderá seguro!

 

SAL

No se recomienda consumir más de una cucharadita de café en forma de sal cada día, es decir, alrededor de 5 gramos. Como en el caso del azúcar, el problema está en que no sólo ingerimos la sal que usamos para aderezar los platos, sino que muchos productos de los que consumos día a día, ya llevan mucha sal añadida. 

  • Bajo contenido de sal: si el producto contiene menos de 0,3g sal/100g o 100ml.
  • Muy bajo contenido en sal: si contiene menos de 0,01g de sal /100g o 100ml.
  • Sin sodio: si contiene menos de 0,0125g de sal/100g.
  • Sin sal añadida: si no se han añadido sal ni otros ingredientes con sal al producto, siempre y cuando el producto no supere los 0,3g de sal/100g o 100ml.

 

Otros engaños o cosas a tener en cuenta

1. Light no significa saludable.

La realidad es que un producto etiquetado de esta forma puede seguir siendo una bomba para nuestra salud. Que un producto puede ser etiquetado como “light” siempre que se haya reducido un 30% uno o más nutrientes con respecto al original. Solo eso.

2. Nombres enrevesados.

Cuando en los ingredientes ya empiezas a ver nombres que ni conoces, entonces, empieza a sospechar. Los nombres acabados en “osa” (glucosa, dextrosa, sacarosa, lactosa…) son, monosacáridos o disacáridos añadidos, es decir una manera de denominar a los azúcares libres, que deberíamos eliminar de la dieta.

3. Algunos de los peores aditivos alimentarios.

  • Aspartamo (E951). Es un edulcorante artificial que a menudo se encuentran en los alimentos etiquetados como “dieta” o “sin azúcar”. El aspartamo se cree que es cancerígeno y es responsable de más informes de reacciones adversas que todos los demás alimentos y aditivos de alimentos combinados.
  • Acesulfame-K (E950). Un edulcorante artificial relativamente nuevo se encuentran en productos para hornear, goma y gelatina. No ha sido probado y se ha relacionado con tumores de riñón. Se encuentra en: refrescos de dieta o sin azúcar, Diet Coke, Coca-Cola Zero, gelatina (y más de gelatinas), postres, goma de mascar sin azúcar…
  • Glutamato monosódico (MSG / E621). Es un aminoácido utilizado como potenciador del sabor en sopas, aderezos para ensaladas, patatas fritas, platos congelados, comida china (“Síndrome del restaurante chino”). Su consumo regular, puede dar lugar a efectos secundarios adversos, que incluyen la depresión, desorientación, daño ocular, fatiga, dolores de cabeza, y la obesidad.
  • Sulfito de sodio (E221). Conservante utilizado en la elaboración del vino y otros alimentos procesados. Según la FDA, aproximadamente uno de cada 100 personas es sensible a los sulfitos en los alimentos. La mayoría de estos individuos son asmáticos, lo que sugiere un vínculo entre el asma y los sulfitos.
  • BHA y BHT (E320). Butilhidroxianisol (BHA) y hydrozyttoluene butilado (BHT) son conservantes que se encuentran en los cereales, goma de mascar, papas fritas, y los aceites vegetales. Este conservante común mantiene los alimentos de cambiar de color, cambiar el sabor o se vuelva rancio. Efectos del sistema neurológico del cerebro, altera el comportamiento y tiene potencial de causar cáncer. 
  • Tartracina (E102). Es un colorantes que se encuentra muy distribuido y en gran variedad de alimentos muy atractivos, a veces para los más pequeños, desde postres lácteos (natillas, yogures, batidos…) a zumos y refrescos, sin olvidar de los caramelos, chuches.
  • Nitratos y nitritos (E249 – E252). Se usa como conservante, colorante y saborizante en tocino, jamón, perros calientes, embutidos, carne en conserva, el pescado ahumado y otras carnes procesadas. Este ingrediente, que suena inofensivo, es en realidad altamente cancerígeno, una vez que entra en el sistema digestivo humano.

 

Conclusión

Como conclusión te diría, que es muy importante conocer y mantenerse informados constantemente, para poder ser un poquito más libres a la hora de decidir lo que consumir, sin dejarnos influenciar por la publicidad.

Prioriza alimentos frescos, que no necesiten etiqueta. Si basas tu alimentación en alimentos como verduras, hortalizas y frutas frescas, cereales y legumbres… no tendrás ningún problema. Para el resto, revisa principalmente los ingredientes, te sorprenderás de lo que encuentras.

 


Descargo de responsabilidad: Este post es meramente informativo. No tiene la intención de proporcionar consejos médicos, diagnóstico o tratamiento. En caso  de presentar síntomas que puedan estar relacionados con algún problema de salud, debes acudir al médico para realizar las pruebas pertinentes.

 

 

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Cómo la alimentación influye en la fertilidad

Las causas de infertilidad pueden ser muchas y muy variadas; se han identificado diversos factores relacionados principalmente a la edad, la alimentación, el estrés oxidativo, los contaminantes ambientales, factores psicológicos, las variaciones del peso corporal (exceso y bajo peso), falta de ejercicio y el consumo habitual de tabaco, alcohol y cafeína.

Aunque sí que es cierto que una alimentación saludable, equilibrada en nutrientes y variada, te da muchos puntos a la hora de quedarte embarazada, no será suficiente, tal y como hemos visto más arriba. Por ejemplo, estar por debajo o por encima del peso saludable afecta directamente a la fertilidad teniendo repercusiones en el sistema hormonal comprometiendo a los órganos reproductores.

 

LA ALIMENTACIÓN MÁS RECOMENDABLE PARA POTENCIAR LA FERTILIDAD

Una dieta equilibrada es esencial para el correcto funcionamiento de cualquier sistema de nuestro organismo y, el sistema reproductor no es una excepción.  Como veremos a continuación, en el delicado equilibrio que hace posible la fecundación es esencial el papel de determinados nutrientes.

1.- MÁS GRASAS, PERO DE LAS “BUENAS”

Se suele ver casi siempre que el consumo de omega-3 es insuficiente y en concreto, en la mujer, se ha relacionado una alimentación pobre en grasas con alteraciones del ciclo menstrual. También se ha asociado con la infertilidad femenina el consumo excesivo de grasas trans. Las fuentes dietéticas de los ácidos omega-3 son el pescado azul, ciertos aceites vegetales (aceite de oliva, de lino, soja, etc.), el aguacate, semillas como la chía o el line, frutos secos como las nueces.

 

2.- NUTRIENTES PARA LA SALUD

Aunque parezca mentira, el estrés oxidativo afecta mucho a las funciones básicas que determinan el éxito de un embarazo. Algunos nutrientes que pueden ayudar a reducir el estrés oxidativo y mejorar la fertilidad femenina:

  • Vitamina A, E, C y los β-carotenos. Todo ellos grandes antioxidantes que ayudarán al organismo a disminuir el estrés oxidativo que tanto afecta a la fertilidad. También son imprescindibles para el correcto mantenimiento de las diversas mucosas del organismo, entre ellas, la mucosa uterina, donde debe implantarse el óvulo fecundado. Podemos encontrarlos en frutas y hortalizas de color rojizo o anaranjado.
  • Ácido fólico (B9). Interviene en la síntesis del ADN y del ARN. Su déficit en el embarazo se asocia a malformaciones congénitas y mayor riesgo de aborto espontáneo. La ingesta de vitamina B9 se recomienda 3 meses antes de quedarse embarazada (en caso de ser planificado) y durante el primer trimestre de embarazo. La necesidad en el embarazo aumenta a 400ug/día y podemos obtenerla a partir de los vegetales de hoja verde oscura, frutos secos y legumbres.
  • Cianocobalamina (B12). De presencia casi exclusiva en alimentos de origen animal, también se relaciona con la infertilidad femenina. En dietas vegetarianas estrictas esta circunstancia, sería necesario tomar suplementación.
  • Es importante que la mujer que quiera quedarse embarazada presente unas concentraciones de hierro suficientes antes y durante el embarazo, ya que, durante el embarazo, los requerimientos se verán muy aumentados. Los alimentos que lo pueden aportar son las de origen animal (carnes, pescados, mariscos o huevo), de origen vegetal (las lentejas, cereales integrales, espinacas, soja…).

 

 3.- PROTEÍNAS EN EQUILIBRIO

Como todo en la vida, equilibrio. Ni quedarnos con un déficit de proteína, ni llevar un exceso. De hecho, un consumo excesivo de proteínas de origen animal se ha asociado a un mayor riesgo de infertilidad de origen ovulatorio. Por eso, se recomienda aumentar la ingesta de proteínas de origen vegetal, manteniendo un equilibrio entre ambas.

 

APUESTA POR UN ESTILO DE VIDA SALUDABLE EN TODOS LOS ÁMBITOS

Existen otras muchas pautas que pueden ayudarnos a mantener una buena fertilidad. Un estilo de vida saludable con una buena alimentación, descanso y ejercicio físico te puede ayudar:

  • Come abundante fruta y verdura. Son la mejor fuente natural de antioxidantes. Comer al menos 5 raciones al día mejora la salud general y favorece la fertilidad.
  • Modera el consumo de alcohol y no fumes. Reducen la reserva ovárica.
  • Escoge la opción “eco”.  Los residuos de plaguicidas pueden alterar el equilibrio endocrino de la madre y afectar al desarrollo sexual y neurológico del bebé.
  • Vigila con los disruptores endocrinos. Son moléculas químicas que interfieren con las funciones hormonales y pueden alterar el sistema reproductivo. Los más conocidos son los plásticos, pesticidas y metales pesados presentes en envases, alimentos o en el ambiente.
  • ¡Muévete!  Realizar ejercicio, pasear, caminar… aumenta los niveles de serotonina y endorfinas, entre otras, así como un aumento del flujo sanguíneo y oxigenación del organismo en general, y del sistema nervioso central en general.  
  • Reduce el estrés. El estrés o la ansiedad sostenidos en el tiempo provocan cambios hormonales en la mujer, ovulación irregular, espasmos en las trompas y contracciones uterinas que pueden impedir la implantación. Prácticas como el yoga o la meditación o incluso alguna terapia, pueden ser una buena medida si se busca un embarazo.

 


Descargo de responsabilidad: Este post es meramente informativo. No tiene la intención de proporcionar consejos médicos, diagnóstico o tratamiento. En caso de presentar síntomas que puedan estar relacionados con algún problema de salud, debes acudir al médico para realizar las pruebas pertinentes.

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El cuerpo, reflejo de nuestros pensamientos

El poder de la mente. ¿Cómo se convierten los pensamientos en enfermedades?

Recuerdo hace años, al indagar más en este mundo, cuando empecé a ser más consciente de lo que le pasaba a mi cuerpo. Me di cuenta de que, durante mucho tiempo, mi cuerpo me estaba hablando, a veces incluso gritando, pero yo ni le hacía caso ni sabía qué le pasaba. Vivía completamente desconectada de mi cuerpo.

Me costó mucho aceptar que era yo la que me causaba a mí misma toda la sintomatología que sufría, pero no porque no estuviera dispuesta a entender que mi dolor era psicosomático, sino más bien porque en todo ese tiempo, nadie me llegó a explicar nada de esto, y la solución parecía siempre ser “pastilla para el body”. Fue a raíz de ahí, cuando empezó mi pasión por este mundo, y cuando me negué a creer que la enfermedad está causada exclusivamente por agentes externos, alejada de una mirada más integrativa…más holística. Ya platón dijo: “El tratamiento de una parte del cuerpo no debería ser tratado sin un tratamiento del cuerpo entero”.

 

Conexión cuerpo-mente

La mente y el cuerpo están directamente relacionados y la influencia que tienen el uno sobre el otro es brutal.

Algunos estudios afirman que alrededor del 50% de las enfermedades tiene origen emocional. Otras investigaciones aseguran que puede estar por encima del 80%, pues el mismo estrés generado de tales pensamientos, es el responsable de alrededor de medio centenar de patologías.

El cuerpo se manifiesta a través de las enfermedades. Cada dolor es un llamado de atención del cuerpo porque algo anda mal. Cuando empieza a dolernos algo, o surge alguna enfermedad, el cuerpo nos está avisando. Nuestra mente está interpretando una situación, quizás relacionada de manera íntima con nuestras emociones. Antes de que esto siga evolucionando, necesitamos parar y analizar qué está pasando, cómo nos estamos sintiendo y en qué medida nos está afectando.

 

“Toda enfermedad no es más que la manifestación física de un malestar, de un trastorno debido a una condición mental que altera el equilibrio del cuerpo”

-Dr. Edward Bach-

Esta relación cuerpo-mente, se refleja en cómo las actitudes conflictivas, los temores, miedos o los sentimientos reprimidos, tienen la capacidad de alterar el organismo y su funcionamiento.

Siempre hay una carga emocional en las enfermedades. Dependiendo de qué tan grande esta sea, y de cuánto tiempo lo hayamos llevado arrastrando, tendrá un efecto más fuerte u otro.

 

El poder de los pensamientos

¿Te has parado a pensar cómo te hablas a ti mismo? ¿Qué pensamientos o emociones tienes sobre ti, sobre tu capacidad, sobre tu futuro/pasado…? Sin darnos cuenta, vamos acumulando a lo largo de toda nuestra vida, creencias y patrones limitantes que se transforman normalmente en pensamientos o emociones negativas hacia nuestro ser. Lo tenemos tan aferrado y normalizado, que vamos con el piloto automático en modo “on”, culpabilizando al exterior, lo que muchas veces está en nuestras manos.

La mente equivale a todo lo que pensamos. Cada pensamiento que pasa por nuestra cabeza influye en nuestra vida y cuerpo, en nuestra realidad. Cuando mantenemos un pensamiento negativo en la cabeza durante un minuto, el sistema inmunitario queda durante aproximadamente cinco horas en una situación delicada por lo que, si estos pensamientos o emociones negativas se mantienen en el tiempo, estaremos más predispuestos a contraer enfermedades por la debilidad del sistema inmunitario que nos protege.

Pero, solamente pensar en positivo, en lo que a nuestro parecer es “bueno”, no es suficiente, ya que supone emitir juicios propios desde el ego y creer que lo que se desea se va a cumplir sin más. Para cambiar esa forma de pensar o interpretar nuestra realidad, debemos ir a lo más profundo de nuestras emociones. Al maravilloso mundo del autoconocimiento.

Solo cuando empezamos a indagar en nuestros sentimientos, en cómo pensamos y reaccionamos ante las situaciones, y a ser conscientes de que solo nosotros podemos cambiar nuestra realidad, es cuando podremos empezar a curarnos y a ser realmente libres.

Una enfermedad puede reflejar que nuestra mente está haciendo algo que no queremos, o incluso no haber entendido algunas experiencias que nos han provocado dolor, insatisfacción o ira y que han quedado guardadas bajo llave, pero que inconscientemente seguimos dándole vueltas en nuestra cabeza. Estas experiencias se quedan guardadas en nosotros y poco a poco se van reflejando en nuestro cuerpo.

Ejemplos de dolencias y emociones asociadas

Aunque hay muchísimos manifestaciones asociados a emociones, pensamientos, personalidades…dejo a continuación, algunas ejemplos de dolor físico y su correspondiente relación emocional:

  • Los dolores en hombros y espalda están relacionados con las cargas emocionales como la culpa y la vergüenza. En estos casos puede existir una comorbilidad con alguna condición de la piel como el síndrome de Addison o el vitíligo.
  • El dolor en el pecho se relaciona con emociones de tristeza, angustia, temor y aflicción.
  • Los dolores en las manos y muñecas están relacionados al aislamiento en donde predominan emociones de tristeza, miedo, resentimiento, incertidumbre y cautela.
  • Los dolores en el cuello están relacionados a la falta de perdón que frecuentemente se presentan de manera recurrente a algún tipo de alergia. También están asociados a los problemas en la expresión emocional.
  • Los dolores de cabeza están relacionados a un estrés crónico o elevado que puede surgir como respuesta de adaptación a la angustia, desesperación o miedo.

 

Comprender nuestras propias emociones y su implicación fisiológica, nos va a permitir que seamos capaces de escucharnos, de sentir y expresar, sin devaluar todo lo que sentimos. El autoconocimiento y el darnos el espacio para estar con nosotros mismos y atender nuestras emociones, serviría de mucho como método preventivo para muchas enfermedades.


Descargo de responsabilidad: Este post es meramente informativo. No tiene la intención de proporcionar consejos médicos, diagnóstico o tratamiento. En caso de presentar síntomas que puedan estar relacionados con algún problema de salud, debes acudir al médico para realizar las pruebas pertinentes.


Referencias:

  • Vilanova i Pujó, J. M. (2013). Diccionario de biodecodificación.
  • Debbie Shapiro (2010). La conexión cuerpo mente.
  • Louise L. Hay (1984). Tú puedes sanar tu vida.
  • Suzanne O ‘Sullivan (2016). Todo está en tu cabeza.